26 de junio

SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ

Presbítero y Fundador

Fiesta

Antífona de entrada

Dabo vobis pastóres iuxta cor meum, et pascent vos sciéntia et doctrina

Os daré  pastores conforme a mi corazón, que os apacienten con ciencia y experiencia

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

- Amén.

 

El Señor esté con vosotros.

O bien:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.

- Y con tu espíritu.

 

Si se está en Tiempo Pascual:

El Dios de la vida, que ha resucitado a Jesucristo, rompiendo las ataduras de la muerte, esté con todos vosotros.

- Y con tu espíritu.

 

Tras un breve silencio, todos reconocen sus pecados con la oración:

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos, que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor.

 

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna:

- Amén.

 

Señor ten piedad.

- Señor ten piedad.

Cristo ten piedad.

- Cristo ten piedad.

Señor ten piedad.

- Señor ten piedad.

 

O bien:

Tú que has enviado a sanar los corazones afligidos:

Señor ten piedad.

- Señor ten piedad.

Tú que has venido a llamar a los pecadores:

Cristo ten piedad.

- Cristo ten piedad.

Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros:

Señor ten piedad.

- Señor ten piedad.

 

Gloria

[saltar]

Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

Por tu inmensa gloria te alabamos, te bendecimos,

te adoramos, te glorificamos, te damos gracias,

Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.

Señor, Hijo único, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;

que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros;

que quitas el pecado del mundo,

atiende nuestra súplica;

que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros;

porque sólo tú eres Santo,

sólo tú Señor,

sólo tú Altísimo Jesucristo,

con el Espíritu Santo

en la gloria de Dios Padre. Amén.

 

Oración colecta

Señor y Dios nuestro, que elegiste a San Josemaría, presbítero, para anunciar en la Iglesia la vocación universal a la santidad y al apostolado: concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que, realizando fielmente el trabajo cotidiano según el Espíritu de Cristo, seamos configurados a tu Hijo y, en unión con la santísima Virgen María, sirvamos con ardiente amor a la obra de la Redención. Por nuestro Señor Jesucristo…

- Amén. 

Ir a lecturas en tiempo pascual

Primera lectura

Libro del Génesis (2.4 b-9.15)

Cuando el Señor hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, no había hombre que cultivase el campo. Sólo un manantial salía del suelo y regaba la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia Oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además el árbol de la vida en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo cultivara.

Salmo responsorial (Sal 126, 1.2)

R./Dóminus aedificet nobis domun et custídiat civitátem.

R/. El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Si el Señor no construye la casa,

En vano trabajan los albañiles;

Si el Señor no guarda la ciudad,

En vano vigilan los centinelas. R./

R./Dóminus aedificet nobis domun et custídiat civitátem.

R/. El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

Es inútil que madruguéis,

Que veléis hasta muy tarde,

Que comáis el pan de vuestros sudores:

¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! R./

R./Dóminus aedificet nobis domun et custídiat civitátem.

R/. El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

[Ir segunda lectura]

Lecturas en tiempo pascual:

Lectura del Apocalipsis (19, 1-5-9a)

Yo, Juan, oí en el cielo como un gran ruido de muchedumbre inmensa que decía: Aleluya. La salvación y la gloria y el poder son de nuestro Dios. Y salió una voz del trono que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos y los que le teméis, pequeños y grandes. Y oí como el ruido de muchedumbre inmensa y como el ruido de grandes aguas y como el fragor de fuertes truenos. Y decían: Aleluya. Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios todopoderoso. Con alegría y regocijo démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado y se le ha concedido vestirse de lino deslumbrante de blancura; el lino son las buenas acciones de los santos. Luego me dice: Escribe: Dichosos los invitados al banquee de bodas del Cordero.

Salmo responsorial (Sal 102, 1-2.3-4.8-9.13-14.17-18a)

R./ Aleluya

R./ Bénedic, ánima mea, Dómino

R./ Bendice, alma mía, al Señor

R./ Aleluya

Bendice, alma mía, al Señor

Y todo mi ser a su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor

Y no olvides sus beneficios

R./ Bénedic, ánima mea, Dómino

R./ Bendice, alma mía, al Señor

El perdona todas tus culpa

Y cura todas tus enfermedades;

Él rescata tu vida de la fosa

Y te colma de gracia y de ternura

R./ Bénedic, ánima mea, Dómino

R./ Bendice, alma mía, al Señor

El Señor es compasivo y misericordioso,

Lento a la ira y rico en clemencia;

No está siempre acusando

Ni guarda rencor perpétuo.

R./ Bénedic, ánima mea, Dómino

R./ Bendice, alma mía, al Señor

Como un padre siente ternura por sus hijos,

Siente el Señor ternura por sus fieles;

Porque él conoce nuestra masa

Se acuerda de que somos de barro

R./ Bénedic, ánima mea, Dómino

R./ Bendice, alma mía, al Señor

Pero la misericordia del Señor dura siempre,

Su justicia pasa de hijos a nietos,

Para los que guardan la alianza

R./ Bénedic, ánima mea, Dómino

R./ Bendice, alma mía, al Señor

Segunda lectura

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos 

Hermanos: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. El que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios. A los que aman a Dios todo les sirve para el bien: a los que ha llamado conforme a su designio. A los que había escogido, Dios los predestinó a ser imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito de muchos hermanos. A los que predestinó, los llamó; a los que llamó, los justificó; a los que justificó, los glorificó.

Aleluya

V./ Veníte post me, dicit Dóminus, et fáciam vos fieri piscatóres hóminum.

V./ Venid conmigo, dice el Señor, y os haré pescadores de hombres

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la Palabra de Dios, estando Él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron la dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, simón Pedro ser arrojó a los pies de Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a  Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas: desde ahora, serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Credo

[saltar]

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,

Creador del cielo y de la tierra,

de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor Jesucristo,

Hijo único de Dios,

nacido del Padre antes de todos los siglos:

Dios de Dios, Luz de Luz,

Dios verdadero de Dios verdadero,

engendrado, no creado,

de la misma naturaleza del Padre,

por quien todo fue hecho;

que por nosotros los hombres,

y por nuestra salvación bajó del cielo,

Se inclina levemente la cabeza en señal de respeto.

y por obra del Espíritu Santo

se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;

Se finaliza la inclinación de la cabeza.

y por nuestra causa fue crucificado en tiempos

de Poncio Pilato:

padeció y fue sepultado

y resucitó al tercer día según las Escrituras,

y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre;

y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,

y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,

que procede del Padre y del Hijo,

que con el Padre y el Hijo

recibe una misma adoración y gloria,

y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo Bautismo

para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos

y la vida del mundo futuro. Amén.

 

Oración de los fieles

Liturgia Eucarística

Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos: él será para nosotros pan de vida.

- Bendito seas, por siempre, Señor.

Bendito seas, Señor, Dios del Universo, por este vino, fruto de la vid y del trabajo del hombre, que recibimos de tu generosidad y ahora te presentamos: él será para nosotros bebida de salvación.

- Bendito seas, por siempre, Señor.

 

El sacerdote, inclinado, dice en secreto:

Acepta, Señor, nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde; que éste sea hoy nuestro sacrificio y que sea agradable en tu presencia, Señor, Dios nuestro.

Mientras el sacerdote se lava las manos, dice en secreto:

Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

El celebrante se va al centro del altar y, de cara al pueblo, dice:

Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso.

El pueblo responde:

- El Señor reciba de tus manos este sacrificio, para alabanza y gloria de su nombre, para nuestro bien y el de toda su santa Iglesia.

 

Oración sobre la ofrendas

Recibe, Padre santo, estos dones, que te ofrecemos en la conmemoración de san Josemaría; concédenos que, por esta renovación sacramental del sacrificio de la cruz, sean santificadas todas nuestras obras. Por Jesucristo nuestro Señor.

El Señor esté con vosotros.

- Y con tu espíritu.

Levantemos el corazón

- Lo tenemos levantado hacia el Señor.

Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

- Es justo y necesario.

 

Prefacio de Pastores:

Prefacio

Los santos pastores siguen presentes en la Iglesia

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.

Porque permites que tu Iglesia se alegre hoy con la festividad de San Josemaría para animarnos con el ejemplo de su vida, instruirnos con su palabra y protegernos con su intercesión.

Por eso,

con los ángeles y los santos, te cantamos el himno de alabanza diciendo sin cesar:

- Santo, Santo, Santo es el Señor,

Dios del Universo.

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Hosanna en el cielo.

Bendito el que viene en nombre del Señor.

Hosanna en el cielo.

Plegaria eucarística

Plegaria Eucarística I

Plegaria Eucarística II

Plegaria Eucarística III

Plegaria Eucarística IV

Plegaria Eucarística I

Padre misericordioso, te pedimos humildemente por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que aceptes y bendigas estos † dones, este sacrificio santo y puro que te ofrecemos, ante todo, por tu Iglesia santa y católica, para que le conceda la paz, la protejas, la congregues en la unidad y la gobiernes en el mundo entero, con tu servidor el Papa N, con nuestro Obispo N. y todos los demás obispos que, fieles a la verdad, promueven la fe católica y apostólica.

Acuérdate, Señor, de tus hijos (aquí se puede hacer un memento por los vivos) y de todos los aquí reunidos, cuya fe y entrega bien conoces; por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados y la salvación que esperan, te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero.

Reunidos en comunión con toda la Iglesia, veneramos la memoria, ante todo, de la gloriosa siempre Virgen María, Madre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor; la de su esposo, San José; la de los santos apóstoles y mártires Pedro y Pablo, Andrés [, Santiago y Juan, Tomás, Santiago, Felipe, Bartolomé, Mateo, Simón y Tadeo; Lino, Cleto, Clemente, Sixto, Cornelio, Cipriano, Lorenzo, Crisógono, Juan y Pablo, Cosme y Damián ] y la de todos los santos; por sus méritos y oraciones concédenos en todo tu protección. [Por Cristo, nuestro Señor. Amén.]

Acepta, Señor, en tu bondad, esta ofrenda de tus siervos y de toda tu familia santa; ordena en tu paz nuestros días, líbranos de la condenación eterna y cuéntanos entre tus elegidos. [Por Cristo nuestro Señor. Amén.]

Bendice y santifica, oh Padre, esta ofrenda, haciéndola perfecta, espiritual y digna de ti, de manera que sea para nosotros Cuerpo y Sangre de tu Hijo amado, Jesucristo, nuestro Señor.

El cual, la víspera de su Pasión, tomó pan en sus santas y venerables manos, y, elevando los ojos al cielo, hacia ti, Dios, Padre suyo todopoderoso, dando gracias te bendijo, lo partió, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

"TOMAD Y COMED TODOS DE éL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERá ENTREGADO POR VOSOTROS".

Del mismo modo, acabada la cena, tomó este cáliz glorioso en sus santas y venerables manos, dando gracias te bendijo, y lo dio a sus discípulos, diciendo:

"TOMAD Y BEBED TODOS DE éL, PORQUE éSTE ES EL CáLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA QUE SERá DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDóN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIóN MíA".

Este es el sacramento de nuestra fe.

-Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Por eso, Padre, nosotros, tus siervos, y todo tu pueblo santo, al celebrar este memorial de la muerte gloriosa de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor; de su santa resurrección del lugar de los muertos y de su admirable ascensión a los cielos, te ofrecemos, Dios de gloria y majestad de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo: pan de vida eterna y cáliz de eterna salvación.

Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala, como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec.

Te pedimos humildemente, Dios todopoderoso, que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel, para que cuantos recibimos el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo al participar aquí de tu altar, seamos colmados de gracia y bendición. [Por Cristo, nuestro Señor. Amén]

Acuérdate también, Señor, de nuestros hermanos difuntos que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz. (Aquí se puede hacer un memento por los difuntos) A ellos, Señor, y a cuantos descansan en Cristo, concédeles el lugar del consuelo, de la luz y de la paz. [Por Cristo, nuestro Señor. Amén]

Y a nosotros, pecadores, siervos tuyos, que confiamos en tu infinita misericordia, admítenos en la asamblea de los santos apóstoles y mártires Juan el Bautista, Esteban, Matías y Bernabé, [Ignacio, Alejandro, Marcelino y Pedro, Felicidad y Perpetua, Águeda, Lucía, Inés, Cecilia, Anastasia] y de todos los santos; y acéptanos en su compañía no por nuestros méritos, sino conforme a tu bondad.

Por Cristo, Señor, nuestro, por quien sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

- Amén.

[Comunión]

 

Plegaria Eucarística II

Santo eres en verdad Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros Cuerpo y † Sangre de Jesucristo, nuestro Señor. El cual, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos diciendo:

"TOMAD Y COMED TODOS DE éL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERá ENTREGADO POR VOSOTROS".

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"TOMAD Y BEBED TODOS DE éL, PORQUE éSTE ES EL CáLIZ DE MI SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERá DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDóN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIóN MíA".

Este es el sacramento de nuestra fe.

- Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa Juan Pablo, nuestros obispos y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro.

Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

- Amén.

[Comunión]

Plegaria Eucarística III

Santo eres, en verdad, Padre, y con razón te alaban todas tus criaturas, ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro, con la fuerza del Espíritu Santo, das vida y santificas todo, y congregas a tu pueblo sin cesar, para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin mancha desde donde sale el sol hasta el ocaso.

Por eso, Padre, te suplicamos que santifiques por el mismo espíritu estos dones que hemos separado para ti, de manera que sean Cuerpo y † Sangre de Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, que nos mandó a celebrar estos misterios.

Porque él mismo, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y dando gracias te bendijo lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

"TOMAD Y COMED TODOS DE éL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERá ENTREGADO POR VOSOTROS".

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"TOMAD Y BEBED TODOS DE éL, PORQUE éSTE ES EL CáLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA, Y ETERNA, QUE SERá DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDóN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIóN MíA".

Este es el sacramento de nuestra fe.

- Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Así, pues, Padre, al celebrar ahora el memorial de la pasión salvadora de tu Hijo, de su admirable resurrección y ascensión al cielo, mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos en esta acción de gracias, el sacrificio vivo y santo.

Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia, y reconoce en ella la víctima por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad, para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo y llenos de tu Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

Que él nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredad junto con tus elegidos: con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y los mártires, y todos los santos, por cuya intercesión confiamos obtener tu ayuda.

Te pedimos, Padre, que esta víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación al mundo entero. Confirma en la fe y en la caridad a tu Iglesia, peregrina en la tierra; a tu servidor, el Papa Juan Pablo, a nuestros obispos, a los presbíteros y diáconos y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia que has congregado en tu presencia. Reúne en torno a ti, Padre misericordioso, a todos tus hijos dispersos por el mundo. 

† A nuestros hermanos difuntos y a cuantos murieron en tu amistad recíbelos en tu reino, donde esperamos gozar todos juntos de la plenitud eterna de tu gloria, por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Por Cristo, con él y en él, a ti,Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

- Amén.

[Comunión]

 

Plegaria Eucarística IV

Te alabamos, Padre santo, porque eres grande y porque hiciste todas las cosas con sabiduría y amor. A imagen tuya creaste al hombre y le encomendaste el universo entero, para que, sirviéndote solo a ti, su Creador, dominara todo lo creado. Y cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte, sino que, compadecido, tendiste la mano a todos, para que te encuentre el que te busca.

Reiteraste, además tu alianza a los hombres; por los profetas los fuiste llevando con la esperanza de la salvación. Y tanto amaste al mundo, Padre Santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María, la Virgen, y así compartió en todo nuestra condición humana menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y a los afligidos el consuelo.

Para cumplir tus designios, él mismo se entregó a la muerte, y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida. Y porque no vivamos ya para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó, envió, Padre, al Espíritu Santo como primicia para los creyentes, a fin de santificar todas las cosas, llevando a plenitud su obra en el mundo.

Por eso, Padre, te rogamos que este mismo Espíritu santifique estas ofrendas, para que sean Cuerpo y † Sangre de Jesucristo, nuestro Señor, y así aclamemos el gran misterio que nos dejó como alianza eterna.

Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre Santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Y, mientras cenaba con sus discípulos, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio, diciendo:

"TOMAD Y COMED TODOS DE éL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERá ENTREGADO POR VOSOTROS".

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo:

"TOMAD Y BEBED TODOS DE éL, PORQUE ESTE ES EL CáLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERá DERRAMADA POR VOSOTROS Y POR TODOS LOS HOMBRES PARA EL PERDóN DE LOS PECADOS. HACED ESTO EN CONMEMORACIóN MíA".

Este es el sacramento de nuestra fe.

- Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

Por eso, Padre, al celebrar ahora el memorial de nuestra redención, recordamos la muerte de Cristo y su descenso al lugar de los muertos, proclamamos su resurrección y ascensión a tu derecha; y mientras esperamos su venida gloriosa, te ofrecemos su Cuerpo y su Sangre, sacrifico agradable a ti y salvación para todo el mundo.

Dirige tu mirada sobre esta Víctima que tú mismo has preparado a tu Iglesia, y concede a cuantos compartimos este pan y este cáliz, que, congregados en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, seamos en Cristo víctima viva para alabanza de tu gloria.

Y ahora, Señor, acuérdate de todos aquellos por quienes te ofrecemos este sacrificio: de tu servidor el Papa Juan Pablo, de nuestros obispos, de los presbíteros y diáconos, de los oferentes y de los aquí reunidos, de todo tu pueblo santo y de aquellos que te buscan con sincero corazón.

Acuérdate también de los que murieron en la paz de Cristo y de todos los difuntos, cuya fe sólo tu conociste. Padre de bondad, que todos tus hijos nos reunamos en la heredad de tu reino, con María, la Virgen Madre de Dios, con los apóstoles y los santos; y allí, junto con toda la creación libre ya del pecado y de la muerte, te glorifiquemos por Cristo, Señor nuestro, por quien concedes al mundo todos los bienes.

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

- Amén.

Rito de Comunión

Fieles a la recomendación del Salvador

y siguiendo su divina enseñanza,

nos atrevemos a decir:

O bien:

Llenos de alegría por ser hijos de Dios,

digamos confiadamente

la oración que Cristo nos enseñó:

 

- Padre nuestro que estás en el cielo

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu reino;

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

 

El sacerdote, con las manos extendidas, prosigue él solo:

Líbranos de todos los males, Señor

y concédenos la paz en nuestros días,

para que ayudados por tu misericordia,

vivamos siempre libres de pecado

y protegidos de toda perturbación,

mientras esperamos la gloriosa venida

de nuestro Salvador Jesucristo.

 

El pueblo concluye la oración aclamando:

- Tuyo es el reino,

tuyo el poder y la gloria,

por siempre, Señor.

 

El sacerdote, con las manos extendidas, dice en voz alta:

Señor Jesucristo,

que dijiste a tus apóstoles:

'La paz os dejo, mi paz os doy',

no tengas en cuenta nuestros pecados,

sino la fe de tu Iglesia y, conforme a tu palabra,

concédele la paz y la unidad.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

El pueblo responde:

- Amén.

El sacerdote, extendiendo y juntando las manos, añade:

La paz del Señor esté siempre con vosotros.

El pueblo responde:

- Y con tu espítiru.

Luego, si se estima oportuno, el diácono o el sacerdote añaden:

Daos fraternalmente la paz.

Y todos, según la costumbre del lugar se dan la paz.

 

El sacerdote deja caer en el cáliz una parte del pan consagrado, diciendo en secreto:

El Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna.

Mientras tanto se canta o se recita:

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.

 

El sacerdote reza la oración para la comunión.

Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable.

El sacerdote hace genuflexión, toma el pan consagrado, lo eleva y lo muestra al pueblo, diciendo:

Este es el Cordero de Dios,

que quita el pecado del mundo.

Dichosos los invitados a la cena del Señor.

Y, juntamente con el pueblo, añade:

- Señor, no soy digno de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

 

Antífona de comunión

Filius hóminis non venit ministrári, sed ministráre, et dare ániman suma redemtiónem pro multis.

El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.

Oración después de la comunión

Concédenos, Señor, que este sacramento que hemos recibido en la conmemoración de san Josemaría fortalezca en nosotros el espíritu de hijos adoptivos, y que, cumpliendo tu voluntad en todo, recorramos con alegría el camino de nuestra vocación. Por Jesucristo nuestro Señor.

El Señor esté con vosotros.

El pueblo responde:

- Y con tu espíritu.

 

La bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo y Espítiru Santo,

descienda sobre vosotros.

- Amén.

 

Podéis ir en paz.

- Demos gracias a Dios.

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